
Al igual que lo que iba a suceder a varios kilómetros, pero en el estadio de River Plate, en La Plata se iba a necesitar mucha agua para apagar tango fuego.
El fuego que iban a encender los cincuenta mil que se acercaron desde distintos lugares de la Argentina para demostrar, una vez más, su lealtad a la banda del Chizzo, Tete y Tanque. Porque es lealtad. No importa la lluvia. No importa que el cuerpo lleve cuatro horas de humedad y las zapatillas sean dos canoas. Había que estar en La Plata. Y los “mismos de siempre” estuvieron. Cantando, gritando, arengando, mimando al Chizzo y a un grupo que hace tiempo dejó de ser simplemente una banda de rock para transformarse en un fenómeno social y cultural sin proporciones, solamente comparable a los Redondos. La Renga podría ser Grateful Dead. Y estaría bien. Su gente viaja de un lado a otro de la Argentina, con frío y, calor, granizo o lluvia, para acercar su amor, su afecto y su lealtad. Y La Renga lo sabe.
Por eso, cuando pasadas las diez el trío arrancó con una acuosa versión de Almohada de piedra -el sonido recién se estabilizó a las cinco canciones-, los cuerpos empezaron a emanar el calor sagrado de las multitudes y la temperatura del estadio ya no volvería a ser la misma.
Sobre un escenario que -sobre grandes telas ligeramente púrpuras- representaba un castillo medieval con gárgolas en los extremos flanqueando las pantallas, el trío repasó parte de su (cada vez más) vasta historia con paradas obligadas en Trueno tierra (Ruta 40, Montaña roja) y rescatando del olvido algunas perlas para el delirio popular como Cuando estés acá y Moscas verdes para el charlatán, una vieja tonada de la prehistoria del grupo que Chizzo -quien recibió un par de zapatillazos desde el público que lo sacaron de plano unos segundos y lo hicieron calentar- dedicó especialmente “a los que dijeron giladas sobre que La Renga se separaba y que este show no se hacía”.
Ante una multitud expectante, el cantante fue clarito: “En la semana hubo rumores y se dijeron muchas boludeces. Loco, La Renga no se separa”. Explosión, estallido. Más calor. “Y este show no se suspende”. Ahora sí, ovación.
Acto seguido cayeron las moscas podridas para los charlatanes y una seguidilla de trompadas a la mandíbula que incluyó la presentación oficial de un tema inédito a salir en el próximo disco (Canibalismo galáctico) y finalizó en La razón que te demor“, tema previo a los bises que terminó con Tete -¿primer músico maratonista?- dándole murrazos al bajo contra los platos de Tanque, tipo tranquilo si los hay.
Luego de un breve intervalo (”¿todavía están acá?” preguntó el Chizzo al volver al escenario) llegaron los bises con Detonador de sueños, Panic show, El revelde, Oscuro diamante, El final es en donde partí y Hablando de la libertad, ya con todas las luces del estadio encendidas y la emoción a flor de piel.
Bajo cero, pasados y pasadas por agua, los cincuenta mil se fueron en silencio, con el cuerpo mojado y la llama encendida. Más que nunca. Porque bastaron unas pocas palabras para que la noche fuera perfecta para los mismos de siempre.
Se los había dicho el Chizzo un rato antes: “La Renga no se separa”. Pavada de noticia.
El fuego que iban a encender los cincuenta mil que se acercaron desde distintos lugares de la Argentina para demostrar, una vez más, su lealtad a la banda del Chizzo, Tete y Tanque. Porque es lealtad. No importa la lluvia. No importa que el cuerpo lleve cuatro horas de humedad y las zapatillas sean dos canoas. Había que estar en La Plata. Y los “mismos de siempre” estuvieron. Cantando, gritando, arengando, mimando al Chizzo y a un grupo que hace tiempo dejó de ser simplemente una banda de rock para transformarse en un fenómeno social y cultural sin proporciones, solamente comparable a los Redondos. La Renga podría ser Grateful Dead. Y estaría bien. Su gente viaja de un lado a otro de la Argentina, con frío y, calor, granizo o lluvia, para acercar su amor, su afecto y su lealtad. Y La Renga lo sabe.
Por eso, cuando pasadas las diez el trío arrancó con una acuosa versión de Almohada de piedra -el sonido recién se estabilizó a las cinco canciones-, los cuerpos empezaron a emanar el calor sagrado de las multitudes y la temperatura del estadio ya no volvería a ser la misma.
Sobre un escenario que -sobre grandes telas ligeramente púrpuras- representaba un castillo medieval con gárgolas en los extremos flanqueando las pantallas, el trío repasó parte de su (cada vez más) vasta historia con paradas obligadas en Trueno tierra (Ruta 40, Montaña roja) y rescatando del olvido algunas perlas para el delirio popular como Cuando estés acá y Moscas verdes para el charlatán, una vieja tonada de la prehistoria del grupo que Chizzo -quien recibió un par de zapatillazos desde el público que lo sacaron de plano unos segundos y lo hicieron calentar- dedicó especialmente “a los que dijeron giladas sobre que La Renga se separaba y que este show no se hacía”.
Ante una multitud expectante, el cantante fue clarito: “En la semana hubo rumores y se dijeron muchas boludeces. Loco, La Renga no se separa”. Explosión, estallido. Más calor. “Y este show no se suspende”. Ahora sí, ovación.
Acto seguido cayeron las moscas podridas para los charlatanes y una seguidilla de trompadas a la mandíbula que incluyó la presentación oficial de un tema inédito a salir en el próximo disco (Canibalismo galáctico) y finalizó en La razón que te demor“, tema previo a los bises que terminó con Tete -¿primer músico maratonista?- dándole murrazos al bajo contra los platos de Tanque, tipo tranquilo si los hay.
Luego de un breve intervalo (”¿todavía están acá?” preguntó el Chizzo al volver al escenario) llegaron los bises con Detonador de sueños, Panic show, El revelde, Oscuro diamante, El final es en donde partí y Hablando de la libertad, ya con todas las luces del estadio encendidas y la emoción a flor de piel.
Bajo cero, pasados y pasadas por agua, los cincuenta mil se fueron en silencio, con el cuerpo mojado y la llama encendida. Más que nunca. Porque bastaron unas pocas palabras para que la noche fuera perfecta para los mismos de siempre.
Se los había dicho el Chizzo un rato antes: “La Renga no se separa”. Pavada de noticia.
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